Imborrables. De Dady.



Se acercan las fechas de fines de año, y mi casa comienza a poblarse de rostros y momentos idos. Sí, esos que siempre vuelven. Esos que lastiman y alegran el alma, los viajeros del tiempo, los imborrables…

Que cuando llegan no queremos que se vayan nunca, pongamos la pava, hagamos mate, traigan facturas (con dulce de leche), papá en la cabecera…

Tenía yo 26 años y quería hacer ese viaje…

Uds. pensaban que no volvería, que los abandonaba. Pero no, ese viaje era mi sueño, mi futuro, mi todo.

Por mis abuelos, por uds. por mi…

 

La culpa?  Ese catalán, sí,  ese que por allá, en el 69, me hizo vibrar el alma y el cuerpo… me abrió la cabeza, despertó sentimientos, curiosidades, hambre de vida…


Ése que al entonar  “Vagabundear”,  despertó en mí, las ansias de “partir, sin decir adiós, serena la mirada, firme la voz”.

Desde entonces me acompaña y lo sigue haciendo,  como un miembro más de mi familia, como un hermano, también como un amigo fiel. 


Ya forma parte de mí y de mi historia.

 

Para aquellos que me conocen está de más explicar de quien se trata. Para los que aún no me conocen les puedo contar, que un día llegó y cantó “un Servidor, Joan Manuel Serrat”. Llegó y  se quedó,  para estar desde entonces y para siempre entre “mis imborrables”. 

                                                                       
Eduardo Dady Fachal
Diciembre de 2011  

 


2 pensamientos en “Imborrables. De Dady.

  1. adm RS Autor

    Hermosas palabras para una vivencia que fue parte de un momento de la vida, dejó su marca y quedó para siempre.

    Gracias por tu aporte!

    Silvia.-

    Responder

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