El cantante llena el Palacio de Congresos con un concierto intimista repleto de monólogos y buen humor.

1. Joan Manuel Serrat ofreció un recital antológico que alternó con grandes dosis de sentido del humor que le hicieron parecer por momentos Miguel Gila.
Decía Morente que cada vez se parece más cantando a su perro. Serrat por su parte, lleva años ‘balando’ sus baladas, tirando al monte. Y birlando el corazón con cita previa. Ayer estuvo de nuevo en el Palacio de Congresos con su gira 100 x 100 y consiguió otro lleno en tiempos de crisis, demostrando que las carteras también tienen sensibilidad. El paso del tiempo ha despejado su frente, pero no el patio de butacas.
El ingeniero agrónomo y ahora viticultor tiene una cosecha de canciones que siguen dando fruto. Esconden el hueso de cereza de la duda, la cáscara de los recuerdos, la pulpa del gozo. El concierto sólo podía comenzar conCantares, ahora que se cumplen 70 años de la muerte de Antonio Machado en Colliure. Sonó el piano de Ricard Miralles, el único acompañamiento de Serrat -amén de su guitarra-, y la primera ovación la compartió el Noi del Poble Sec con el autor de Campos de Castilla. Y comenzó el primero de sus monólogos, este sentimental; el resto para ponerlo como asignatura obligatoria a los aprendices de El club de la comedia. Habló del río de Heráclito, en el que es imposible bañarse dos veces. “Tratamos de rescatar un río que ya no es, una persona que ya no es. Así es cuando uno vuelve a una ciudad a compartir el pan y el vino y lo que te ofrezca la vida para compartir. Gracias por estar aquí”, dijo como preámbulo el catalán para cantar De vez en cuando la vida.




