A cada lugar que llega siempre tiene algo para decir. Nadie lo manda, tampoco es demagogia. Su punto de vista es otro filo de su trova, está en el gen de la tradición trashumante del artista. Y el público se inspira allí también, y le gustaría hacer funcionar al mundo del mismo modo bello con el que el poeta lo propone.
Los años le sientan bien. Y empezamos mal si un texto comienza con adulaciones a quién aún con pleno dominio del carisma siempre tiene una mueca incómoda ante la complacencia. Son 67 los años, y cuarenta y tantos de una carrera que siempre es difuso determinar su punto de partida (¿un primer disco? ¿una primera canción en público? ¿un primer deseo?), y, hay que decirlo, dos instancias que lo han enfrentado al cáncer y de las que ha salido, un poco dribleando, otro mucho con la enjundia del que se abraza a la vida. “La vida y la naturaleza me han permitido hacerlo, mientras que otros no lo han logrado. Ellos no han sido más cobardes, flojos ni distintos, solamente la vida y la naturaleza nos regala estas segundas oportunidades”.




